El sexo desde la perspectiva del amor

21 octubre, 2015

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¡Soy Padre y no sé cómo hablare a mi hijo/a adolescente sobre sexo!

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El sexo desde la perspectiva del amor

Muchas veces los padres de adolescentes se preguntan, ¿Cómo le debo hablar a mi hija o hijo de sexo? ¿Qué le debo decir para fomentar la castidad sin que me tome como mojigato o anticuado?

Hay que partir del hecho de que los adolescentes consideran saber todo sobre todo y el sexo no es la excepción, además, que los padres les hablen del tema les perturba y si a eso le sumamos unos padres avergonzados de tratar el asunto, puede llevar a que éstos terminen por “surtir” de anticonceptivos al hijo para evitar la incomodidad del tema.

Pero ante todo es nuestra responsabilidad y hay que hacerlo. Pues bien, es necesario tener presente que la perspectiva adulta de la vida dista mucho de la  perspectiva adolescente por lo tanto es necesario abordar el tema desde un punto de vista diferente, de tal modo que lo principal no es hablar específicamente del acto sexual, ya que el 69% de adolescentes ya ha recibido información amplia por parte del colegio1, otros de los medios de comunicación o de los amigos.  Lo mejor es abordar el tema desde la perspectiva del amor, pero para empezar es necesario unificar criterios y saber que entiende el adolescente por amor. Seguramente si les preguntamos el adolescente tiende a pensar que el amor es lo opuesto al odio y esto es cierto si lo vemos solo como un sentimiento, es por ello que, si siento algo “bonito” por alguien lo denomino amor y se siento algo “feo” por alguien lo llamo odio.

El amor dista mucho de ser solo sentimiento, el sentimiento es efímero, hoy puedo sentir y mañana no, es así que cuando se deja de sentir se presume que se acabó el amor y trae como consecuencia rupturas de noviazgos y matrimonios que de haber tenido claro el concepto de amor podrían haber madurado en la relación para afrontar dificultades. Y si no es un sentimiento, entonces ¿qué es?

Se puede comenzar diciendo que el amor es una decisión.  Si bien casi toda relación parte de lo sensible, de una atracción inicial y posterior a ello viene el enamoramiento que lleva al deseo de exclusividad es decir de estar solo con la persona objeto de esa atracción, en realidad aun no estamos hablando de amor, o quizás tan solo de la etapa primigenia del amor sexuado, pero es claro que esta etapa ha de pasar y es por ello que se debe aclarar al joven que el noviazgo es una etapa importantísima en la que por medio del compartir se conoce a la otra persona, ya que de ese período depende la decisión de amarla toda la vida, es decir, el amor inicial o amor sensible, debe pasar también a ser amor racional y es allí donde se toma la decisión libre de amar.  Ejemplo de ello es el compromiso que se asume en el rito matrimonial, el sacerdote pregunta: “…¿Prometen amarse y respetarse durante toda la vida?…”, de ser solo un sentimiento no podríamos prometer tal cosa ya que no podemos asegurar sentir siempre lo mismo por una persona, máxime si se presenta una dificultad, enfermedad o diferencia de opinión. Se decide amar a pesar de las circunstancias.

Otra característica del amor es que el amor es entrega, y aquí es donde se vuelve un poco difícil de entender ya que para ello es necesario desprenderse de sí mismo.  Si antes dijimos que el odio no es plenamente el antónimo del amor, entonces ¿cuál puede ser?

Cuando se está enamorado no es difícil querer y aceptar todo lo que hace feliz a la otra persona, pero cuando ese sentimiento inicial va pasando, va aflorando poco a poco el egoísmo que todos tenemos y comienzan las peleas, ya sea en el noviazgo o en el matrimonio.  La mayoría de las discusiones entre parejas (por no decir todas), se fundamentan en el egoísmo del hombre y/o de la mujer, es cuando afloran el “mío”, el “yo”, el “me”, el “mí”, ejemplo: “Tu sabes que a  no me gusta eso”, “a no me hables así”, “cómo quieres que esté, si me quedaste de llamar a tal hora”, “Tú me conociste así y así me quedaré”.

Cuando en la relación se busca que la otra persona me haga feliz solo a mí, se ha dejado de amar y se ha pasado a una relación de egoísmo y en muchos casos las parejas son simplemente una suma de egoísmos que de ninguna manera procuran la felicidad del otro y se entremezclan en un sin fin de peleas o se aguantan por el beneficio que el otro le pueda brindar.

Por lo tanto el antónimo que más se ajusta al amor es el egoísmo.  Si bien la finalidad de todo ser humano es encontrar la felicidad, el amor es procurar esa felicidad para el ser amado, ello involucra sacrificio, esfuerzo, constancia, perdón e incluso dolor, pero también ternura, caricias, alegría, muy buen humor, entre muchos otros aspectos.

El amor también es trascendente, es decir, no solo se ama a la otra persona en su cuerpo, ya que la persona humana es unidad de cuerpo y alma, por lo tanto al amar también se ama su ser interior, su espíritu.  Esto quiere decir que cualquier cosa que se haga por amor (o por egoísmo) a la otra persona, esto la afectará física, intelectual y espiritualmente.

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Ahora bien, ¿y el sexo?

En la medida que vamos aclarando el concepto de amor, que abarca muchas dimensiones, aquí abordamos solo algunas, podremos ir vislumbrando la razón de ser del sexo. El sexo tiene un ingrediente muy poderoso llamado placer y es por el placer y el exacerbado culto social que se le rinde, estimulado por el rédito económico que este representa para la sociedad de consumo, que ha traído como consecuencia desligar el sexo del amor.  Si bien el sexo es placentero, no es el fin del acto sexual, además, a los jóvenes se les explica la parte biológica, los peligros de las enfermedades de trasmisión sexual y el uso de anticonceptivos, les entregan un condón y a “gozar” (6 de cada 10 jóvenes entre 16 a 20 años han tenido alguna vez relaciones sexuales)2, limitando el sexo a solo lo corpóreo, ignorando que la sexualidad y dentro de ésta, la unión sexual, va más allá del cuerpo, como parte inherente al ser humano involucra también el intelecto y el espíritu.

Para un adolescente el sexo es sinónimo de placer, píldoras, condones y riesgo, y son los padres los llamados a explicar que, al iniciar la vida sexual el cuerpo es solo una de las dimensiones que se ve implicada.  Si el noviazgo es esa etapa en la que se conoce a la otra persona, este “conocerse” se puede ver en gran parte truncado si se presentan relaciones sexuales, dadas las afectaciones que estas tienen en las demás dimensiones del ser humano y que son muy distintas entre hombres y mujeres, prorrumpiendo en el proceso normal del noviazgo.

En los hombres produce “engolosinamiento” es decir, el joven se queda en el placer y en su intelecto modifica su visión de la mujer sustrayéndola de su estatus de persona humana y la va convirtiendo en objeto de placer, el interés de conocer a su pareja en todas sus dimensiones cesa y se concentra solo en la dimensión genital y se puede caer en el círculo vicioso y egoísta de buscar a la otra persona solo por el beneficio sexual que ésta le representa, creyendo amarla engañándola y engañándose consciente o inconscientemente.

En la mujer el efecto es diferente, cuando se inicia la vida sexual, se activa en ella una sustancia química llamada oxitocina, llamada la hormona del amor, esta hormona tiene diferentes funciones a nivel sexual, cerebral y en la conducta materna, pero al ser segregada genera una “dependencia o apego” emocional de la persona con quien se tienen relaciones sexuales. Si estos encuentros sexuales no van acompañados de la certeza de que se está con el ser adecuado y que él le brinda la seguridad necesaria para tener estabilidad por el resto de su vida, es posible que la mujer desarrolle inseguridad en sí misma y degenere en celos y vacíos afectivos, en ocasiones se cae en la mentira de que solo por medio de la entrega sexual podrá obtener de esa persona el afecto que demanda, usando su cuerpo como moneda de cambio. Esto también se interpone en el fin primario de conocerse integralmente como personas.

Por otro lado, en la unión sexual también hay una unión espiritual, al unirse se vuelven uno, por más “casual” que sea el encuentro, el espíritu siempre busca esa unión y al terminar la unión sexual, furtiva o no, parte de uno queda en el otro y viceversa.  Es como hacer una mezcla homogénea de una tinta amarilla y una tinta azul hasta lograr el color verde y pretender después separar nuevamente los colores para tener nuevamente, para mí, el color original que me pertenece -lo cual es imposible- luego agregamos otras tintas de otros colores (nuevas relaciones) con lo cual solo lograremos un color grisáceo turbio y confuso. Es por eso que entre más encuentros sexuales se tengan con diferentes personas, más vacío se sentirá el espíritu.

Ahora bien, si los adolescentes, jóvenes y adultos tenemos claro que estamos llamados es al amor; si entendemos qué es el amor, entenderemos  que el amor de pareja, el amor sexuado tiene como fin el buscar el bien y la felicidad del conyugue y en reciprocidad de esa entrega recibe el bien y la felicidad para sí mismo. Y que la expresión máxima de ese amor es la unión sexual, unión sexual entre seres que se aman y que deciden ser en exclusividad el uno para el otro por toda la vida, pero no como objeto de placer o de diversión, sino en comunión y entrega total física, mental y espiritual, por ello le doy todo lo que soy, todo mi ser. El sexo como consecuencia del amor fructifica, no solo en los hijos, sino que construye a la persona y la hace crecer, porque ya no se reserva nada para sí, se entrega toda y de la misma manera recibe del cónyuge todo su ser, la llena toda con su espíritu y en plenitud.

Nada de esto se logra si no confrontamos nuestro yo, es decir, someter el egoísmo que impide la entrega, mientras acojamos el egoísmo no se podrá amar, se seguirá teniendo sexo por placer y será más difícil llegar a la plenitud del amor en pareja para dejar en su lugar vacíos, dolores y fracasos sentimentales. Por eso es mejor esperar, esperar a conocerse bien, esperar a identificar la persona correcta, esperar a que madure el amor y así con fortaleza, templanza, prudencia y sabiduría podremos construir, siempre de la mano de Dios, relaciones que fructifiquen, se edifiquen y maduren juntos.

 

Iván Mauricio Delgado Riveros

Especialista en Familia

 

  1. COLOMA MANRIQUE Carmen Rosa y PISCOYA RIVERA J. Leonardo. (2014). La adolescencia es más que una palabra, Educación, 14(26), Pp, 94. Universidad Católica del Perú.
  2. IRALA ESTÉVEZ, Jokin De. (2011). Afectividad, amor y sexualidad. Lo que piensan y opinan los jóvenes. Anales Del Sistema Sanitario De Navarra, 34(2), 332-333.

 

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3 respuestas a “El sexo desde la perspectiva del amor”

  1. Adriana Terront dice:

    Que buen artículo. Muy apropiado para la padres de hoy. Broma herramienta para tratar con amor un tema de vital trascendencia para nuestros hijos y que está siendo abordado de manera inadecuada por la sociedad.

  2. Nicole V dice:

    De acuerdo con esta perspectiva y la manera de explicar el tema a
    Los adolescentes hace la diferencia!
    Gracias Por compartir!

  3. margarita guette dice:

    Excelente el tema . Es importante que los padres de familia sepan orienta r a sus hijos desde la perspetiva del amor .

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